martes, 27 de marzo de 2012

Carlos López Dzur y la Generación del Setenta


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Carlos López Dzur
TEXTOS SUELTOS / LIBROS DIVERSOS

Carlos López Dzur y la Generación
del Setenta


Por Juan Romero Villanueva / Guadalajara, México

El nombre de Carlos López Dzur no es desconocido en la red electrónica, donde él hizo su trinchera de comunicación desde hace más de una década, haciéndose presente, con sus archivos, para compartir nueve libros de poemas, uno o más libros de cuentos, varios volúmenes de ensayos filosóficos, novelas y monografías historiográficas sobre el Siglo XIX en San Sebastián del Pepino (Puerto Rico). Posiblemente, ya tiene cerca de medio millón de lectores de habla castellana que le admiran. Estos son cibernautas que buscan en sus escritos las facetas de conocimiento que él maneja: el genealogista, el historiador interesado en microhistorias municipales, el conocedor del Tantra Yoga, el teórico anarquista, el crítico heideggeriano y el poeta latinoamericano cuyo mundo simbólico y ecléctico, a veces contracultural, fascina a poetas nuevos y veteranos que entran en sus redes.

Hallé su nombre antologado entre los poetas nativos de Baja California (México), hecho que se explica por la creencia de que, durante el Centenario de la Fundación de la Ciudad de Tijuana, se pudo convocar la presencia de un tijuanense de excepcionales dones con la palabra poética; pero, los temas de López Dzur en revistas universitarias de UC, La Jolla y SDSU, motivos para su inclusión en la antología, aunque temas tijuanenses y chicanos, fueron signos de simpatía y solidaridad por su parte; no la determinación de su nacionalidad.

Por una pieza de prosa poética, titulada Mi araña predilecta en el congal, por años los cibernautas de El Salvador festejaban al narrador que le dio memoria humana, belleza enternecedora, al tránsito de huída y migración de una familia salvadoreña, dos enamorados que se reencuentran, tras peripecias en la frontera, tema de ese cuento. Esta familia, que entró por Tijuana a los EE.UU., escapó de una guerra de doce años que ocasionó 75,000 muertos, durante el periodo que se extiende de 1979 al 1982. Antes de plasmarse como ficción en un cuento la historia de la familia aludida fue un testimonio periodístico.

Mas no fue un salvadoreño, u otro centroamericano, quien literaturizaba la anécdota de la cruzada, el bar y el periodo bélico de la historia. Al autor bastaba ser reconocido como latinoamericano. Otros, como lectores, dijeron que López tendría que ser un héroe de los suyos. Ni aún la compositora belorusa Galina Gorelova que ha convertido en corales, música de piano para voces de barítonos, algunos textos de López Dzur, en la serie Song-Cycle on Latin American Poetry pudo, en 1986, determinar de qué país proviene este autor cuyos textos la inspiran y, que siendo latinoamericano, lo mismo trabaja con materiales conceptuales de Cachemira (India), como el tantrismo, que con temas alusivos al mundo islámico, azteca y maya, sin desdeñar su Caribe, como se evidencia con su libro Lope de Aguirre y los paraísos soñados, donde la mitología aruaco-taína se complementa con la personalidad del maltrecho Príncipe de la Libertad, buscador de El Dorado, alias Lope El Tirano o Aguirre el Loco.

Al juzgar la porción de la obra de la literatura que conociera de López Dzur, el periodista mexicano Francisco Valverde escribió:

«La producción literaria de Carlos López Dzur es multifacética y multidireccional. Este asomo es sólo un breve acercamiento a la literatura del autor que, de ninguna manera refleja todo su peso intelectual; por el contrario, sólo pretendo mostrar un aspecto de la obra del joven escritor cuya pluma es capaz de fragilizar apariencias hasta dar con la esencia en un constante ejercicio intelectual... Su obra es como un prisma que filtra luz y le da varias direcciones. Permite interpretar una historia desde una gama de puntos de vistas, pero que, sin embargo, tiene condición visceral en la medida que su obra cuestiona las formas y adornos del American Way of Life hasta hacer emerger aspectos profundos de una realidad que no es tan bondadosa.

De vigorosa prosa, rica en el manejo del lenguaje español, desde un nivel coloquial hasta un exquisito tratamiento que va del conocimiento esotérico, al religioso y al científico, la de López Dzur es obra que penetra en los laberintos de la problemática existencial de los seres marginados, olvidados y escondidos por un sistema social que hace malabarismos extraordinarios por conservar limpio el concepto de Sueño Americano.

Si alguien desea ver en la obra de López Dzur un personaje absolutamente feliz por insertado en el sistema social norteamericano difícilmente lo encontrará»: Asomo a la obra del escritor Carlos López Dzur: La Creación Literaria como Vehículo Desmitificador, 29 de diciembre de 1989, publicado en Unión Hispana (Santa Ana), ps. 25-28.

El interés por un poeta como Carlos López en los Estados Unidos, si ha sido poco, tal vez se deba a que escribe en español. Su obra está diluída en esa etiqueta dispersiva, pero a la vez unificadora que es llamada lo «Latino», es decir, no en el sentido étnico-nacional, sino el idiomático. Este es un autor que escribe en español y que, por ello, será parte de la marginalización. El Mainstream consagra a quienes hacen su crossover y, siendo latinoamericanos, escriben en inglés y se asocian a las grandes publicadoras y editoriales universitarias.

López Dzur obtuvo un premio competitivo en The Chicano Literary Contest, de la Universidad de California, Irvine, en 1986, pero, con el libro El hombre extendido, no hubo el empeño de hacer el crossover; no hubo renuncia a su idioma y a su multidireccionalidad temática. El inmigrante indocumentado de López Dzur se resiste a ser pocho. Lo mejor, o más plausible, a lo que se atreve ese mojado que penetra desde el Sur al Norte californianiano, hablante y personaje de su libro, es a solidarizarse con los que son parte sincera de un movimiento, cultural y social, que él comprende como necesario. Políticamente. López Dzur entiende la chicanidad, pues con ésta no se patrocina una asimilación para hacer menos visible y más difusa la mexicanidad ancestral. No todos los mexicoamericanos son chicanos. Pero otra vez: el autor no es un mexicano, aunque ha sido listado como tal en índices de escritores que hay en la red.

La presencia de López Dzur como estudiante graduado, profesor e investigador, en los Estados Unidos, así como sus publicaciones en California, han llamado la atención de algunos académicos y críticos. En particular, cuando fundó una revista multicultural; por desgracia, con corta vida, Sequoyah. En este proyecto, coincidieron como editores y colaboradores los doctores Juan Manuel Bernal Becerra, David Becerra, mexicanos, Ivón Gordon Vailakis, colombiana, los tres adscritos entonces a SDSU y UCI, Irvine, los profesores Césár González, Miguel Menchaca, del San Diego Community College, también mexicanos y otros. En común, el respeto por la cultura chicana.

Rosario Mosso Castro, reseñista literaria del semanario Zeta (Baja California, México), en una nota sobre los primeros cuatro números de esa revista, escribió en la edición del 11 al 17 de enero de 1991: «Sequoyah se puede considerar un espacio novedoso que, en sus primeros números, ya se empieza a perfilar como una vitrina en la que se expone la perspectiva adquirida por los artistas en el proceso de la aculturación... Por medio de los escritos se ofrece una confrontación de estudios acerca de la aculturación y las relaciones sociales. De esta manera, proporcionan al público un vistazo por ambas caras de la moneda, dándole la oportunidad de formar su propio criterio» (pág. 25).

Para César González, respetado crítico y académico chicano, Sequoyah iba en camino de «crear una promoción de nuevos artistas, críticos y poetas» dentro del movimiento.

Antes de la desaparición de Sequoyah, la presencia poética de López Dzur seguía viéndose en las ediciones de la revista Melquíades, de la Asociación de Estudiantes del Departamento de Español y Portugués de la Universidad de California, Irvine. Por la edición especial de esta revista, supimos que mucha obra escrita por él y que no es citada en su website como el libro de cuentos La adorada fiera, los poemarios Sisifescamente pigmalionados y Cuaderno de amor a Haití (1979), se perdieron. Este último, el Cuaderno,recibió un premio de la Sociedad Cultural Iberoamericana de Los Angeles; pero, como me escribiera López, «esos libros son un material perdido; la vida me ha exigido algunos viajes y abandonos fuera de los EE.UU. y ya no suelo mirar atrás a buscar la cantidad de libros acumulados y mis archivos personales, con textos inéditos; yo pienso que esos temas volverán con otra madurez y efectividad de palabras».

Han sido varios estudiosos mexicanos y chicanos los que se han interesado en el estudio crítico de la obra poética de López: Juan Romero y Luis Cariño Preciado estudian La Casa; David Páez, El hombre extendido, Magda del C. Iñiguez, Tantralia, Clotilde Dávila se interesa en una visión panorámica de toda su obra y la venezolana Roxana Aristy ha comentado críticamente a Lope de Aguirre y los paraísos.

Aún yéndose de Puerto Rico, a temprana edad, Carlos López Dzur mantuvo sus ojos en los horizontes puertorriqueños y su quehacer literario. Admira la obra crítica y narrativa de Carmelo Rodríguez Torres, Jorge María Ruscalleda Bercedóniz (quienes fueron sus profesores), la poesía de Vicente Rodríguez Nietzsche, autores de la Generación del '60 y muchos otros poetas, cuentistas y críticos, cuyas presencias se hicieron notorias en Guajana y En Rojo; recuerda a José Luis Méndez, Cirilo Toro Vargas, sus primer editores Ramón Vargas Pérez y Ché Meléndes, Rosario Ferré («Zona de Carga y Descarga»), los autores de las revistas Palestra, Ventana y otras, a las que enviaba sus cuentos, el género que más cultivaba entonces. Desde California enviaba sus cuentos, pero si se enteraba de lo publicado, lo adjudica a milagros.

«Sólo muy recientemente se reanudó mi contacto con escritores puertorriqueños, en vista de la necesidad de que se informara si estoy vivo o muerto, porque, si no se está materialmente con ellos, con esos escritores, o tus libros no son editados allá, ya no existes. Yo soy, sobre todo, un ciberpoeta y, triste es decirlo, pero los pepinianos, si me conocen es, por referencia, porque siempre tengo una monografía disponible, novedosa, creada con el material que por mí fue recaudado en tareas de investigación por años; aún así, me siento muy cerca de ellos. Mis libros, casi completos, pueden accesarse en la internet. Lo que yo entiendo que es mi tarea, como poeta y narrador, es dar la oportunidad a que se conozca mi obra y se lea. En ese sentido, siento que he cumplido con decir, No estoy muerto; sí muy activo. armonizando mis caprichos con palabras; aunque estoy críticamente inédito».
De quienes en Puerto Rico, en cuya Generación del Setenta halla su pertenencia por afinidad de lecturas y amparos de formación académica e intelectual, vieron en él una promesa de consistencia creadora, mencionó al poeta, crítico, teórico y editor Joserramón Meléndes, al teatrista, poeta y sicólogo Dr. Joaquín Torres Feliciano y al poeta Iván Silén, los dos últimos residentes en Nueva York. A estos hombres, él reconocerá «un sentido de genialidad, energías creativas de impacto; la obra de ellos crean adhesiones e influencias profundas. Uno se siente orgulloso de tenerlos como mentores; guías generacionales, en tiempos en que hay tanta egomanía y exclusión».

Conociéndolos, leyéndolos, conversándoles, «uno puede seguir su propio camino; estar ausente y sentir la calidez con que dan la bienvenida a lo que publicas; ellos sí te leen; otros se leen y se aplauden vanidosamente a ellos mismos». De Torres Feliciano recibió el apoyo para su proyecto acerca de la historia municipal del pueblo de Puerto Rico que más ama (San Sebastián del Pepino) y que, como prerrequisto, tuvo el desafiar los tabúes y apaños del desinterés y el encubrimiento saboteador, sólo así se reestablecería un canal de diálogo y recuperación del pasado histórico que estudia.

Joserramón Meléndes publicó los primeros 19 cuentos que López escribiera y que constituyeron Sarnas de la ira parda, publicado en agosto de 1980, en cuya contratapa el poeta y editor de QeAse, resumiría el contenido del libro y la significación del autor para la literatura del país, estando él en una etapa tan joven de su vida:

«Si Lope de Aguirre es el segundón, bruto i solo, botado a su erensia asia un sueño cuya realisasión es el desqite; La casa de Evaristo representa la trajedia de una peqeña burgesía falsificada cuya liberasión es la ruina. Si Rafa te ví es la nostaljia del poder nacional abortado por una clase compatriota predominante de asalariados miserables; Doña Bisa es el fantasma de su alcanse, asta en su fantasmagoría, destronado por la bulgaridá. Así, nostaljia i falsificasión de las salbasiones El alma de papel i El descarnamiento; como son berdades cotiadianas El reloj, El veterano, El testimonio, ¿Cómo eres?, de la bida mediana jeneralisada i sus salidas. I en la capa más profunda de lo sosial, en lo inconsiente, esa muerte tuyida de La cajita de maullidos (¿símbolo?), i esa promiscuidá, ese insesto de la miseria qe corre desde El salvador asta La cacería; lúsido catálogo de deprabasiones, como un retrato del fracaso sobreimponiendo los prosesos autocanselantes de la irrealisasión... Como dijimos cuando su poesía: Lo qe aya qe desir de Carlos A. López, se dirá de su prosa. Sus cuentos retoman la altura de la mejor tradisión puertorriqeña qe conosimos asta Luis Rafael Sánchez»
En las revistas de la Generación del '70, López Dzur tiene alguna presencia como colaborador de cuentos. Dice que son textos que ya no recuerda. Un día le sorprendió que recibiera una carta del Dr. Alberto Martínez, diciéndole cuanto lo admiraba y recordarlo por los cuentos de «Sarnas y otros que ya no recuerdo, aunque sus títulos se me hicieron familiares».

Para esos mismos días, es que López Dzur responde al llamado de autores y compueblanos como el cuentista Dr. Cecilio R. Font, Ramón Luis Cardé, Eliut González y Joaquín Torres Feliciano, quienes de alguna manera se recontactaron con su obra y saben cuán activo continúa como creador.

Los libros poéticos de López Dzur son inmensos y cambiantes. Por lo general, son poemas extensos numerados que trabajan en torno a tópicos que se relaciona al metarrelato metafórico mayor. Es la razón por la cual él no se decide, comúnmente, a publicar en papel y fijar así las unidades de aproximación a sus temas. En el proceso de escribir va parejo su proceso reflexivo.

«Escribo para vaciar cosas que ya he pensado sobre mis temas. Pienso que regresaré a mis textos poéticos y que será divertido dar explicaciones filosóficas a lectores que no tienen mucho entrenamiento para comprender lo dicho, tienen el entusiasm espontáneo y puro; ya he encontrado y dialogado con existencialistas y heideggerianos. Ellos toman muy en serio mis poemas, aunque les digo que son apuntes. No publico libros porque mis textos son provisionales y me gusta reinterpretar, hermenéuticamente; luego, trabajo en muchos géneros (cuento, novela y ensayo), y no digo que sufro organizando esos materiales, sólo que me disperso; toda mi obra es una vivencia de arte, no entendida como premura o conjuntos de reglas, por la que siento el afán de normatizar y datar para una bibliografía... Recuerdo a Rubén Darío cuando decía, ya no sé dónde, que el arte es una armonía de caprichos».
En la selección que hicimos aquí, para esta primera antología, tomamos en cuenta nueve libros que son de acceso público por la internet en los archivos poéticos del autor. También muchos de estos textos han sido compartidos en revistas electrónicas, principalmente, El Perro Andaluz, Adamar, Relim, SerPoeta.com, Mizares, Letralia, Muestrario de Palabras y otras. No hay, como se verá, un orden cronológico de su autoría y publicaciones.

Son libros prácticamente inéditos para quienes leen sólo lo que se edita en papel y no son activos cibernautas. Cualquiera de los libros puede contener textos que fueron escritos a mediados de la década del 1970, cuando arranca su deseo de poetizar, pese a la predilección por el cuento. Sus libros con poemas de más reciente creación son Estéticas mostrencas y El Libro de la guerra.

Este último porque el atentado del 9 /11, la Doctrina Bush, The Patriotic Act y la diplomacia de fuerza y despojo en Medio Oriente le permite el ejercicio poético como protesta. Los poemas, elaborados más tempranamente en su historial poético, están predominantemente insertados en los libros, Las zonas del carácter y
Heideggerianas. En las nueve partes de este libro hay, como muestrario antológico, los textos que revelan el origen y la unidad del libro pretendido por el autor. He respetado el criterio de López Dzur en cuanto a seleccionar los poemas que dan mejor la idea de la intencionalidad del autor al titular, conjuntar y organizar ciertos temas que son, primordialmente, los siguientes:

(1) El hombre extendido, libro que fuera premiado en UC, Irvine, y parcialmente publicado en papel, explora el tema de la emigración, la solidaridad con el paisano indocumentado en los EE.UU. que arribara por necesidad, con una intensa ética de trabajo y ambición de progreso, los desafíos materiales y espirituales de tal inmigrante, los problemas de su explotación y desajuste cultural en el Norte, el deseo de participación en el difuso Sueño Americano, la noción de su soledad (como se puede ver en textos como Me olvidan, A nadie tengo aquí y Negada fue la Tula verdadera). Hay unas líneas de un poema del libro que sostienen la atmósfera optimista del libro y que explica el título: Me gusta ser el hombre / que se extiende / una frontera más, / allende la tristeza.

(2) Su libro
Tijuana: dolor de parto es el homenaje a una ciudad en la frontera mexicana con San Diego, donde viviera el autor y que, dentro de esa coyuntura que mezcla una asimilación desordenada, se fortalece con un tránsito de población de la provincia y de Centro América que la reviste de su personalidad, de modo que no perezca su latinidad esencial. Tijuana está en un parto permanente y marca el contraste entre la ciudad primorosa del Mundo Desarrollado y la ciudad tercermundista. Lo que en Tijuana es importante, al parecer de López Dzur, es la gente que describe y conoce de ese lugar. Explica que la idea de escribir su libro sobre Tijuana surgió con Las Esfinges, textos sobre las calles Coauhuila y Revolución, textos a los que quiso buscar una unidad etológica diferente a la que se contiene en Tantralia y El hombre extendido. El primer texto que escribiera para ese libro se relacionó a La Ballena, la barra / taberna más grande del mundo hasta que desapareciera a principios del '60.

(3) La casa es un libro que se publicó en papel, en 1987, con prólogo de Juan Romero Villanueva. Se expone en el libro que el lenguaje es la casa del Ser. Al comentar estos elementos, el reseñista peruano Luis Mendoza Cordero mencionara en un escrito en la prensa, el 22 de enero de 1987: «López Dzur evidencia que su vena creativa es una catarata de verbos y figuras linguísticas, refrescante y torrencialmente desatada... En uno de sus libros ('La Casa', 1987) encontramos reminiscencias filosóficas del tantrismo védico... Es latente la reflexión heideggeriana, la incansable búsqueda ontológica del ser en el lenguaje».

El chileno Eduardo Rojas escribe: «Carlos López Dzur tiene la virtud de atrapar al lector con su populismo social, lleno de crudeza, de una violencia sutil que a ratos estremece... En pese, ¿de dónde nace este manantial creativo del poeta? Simplemente, de su andar por la vida, de sus experiencias, de sus memorias y viajes, de su incansable búsqueda por encontrar la verdad».

El prologuista de este libro también recuerda:

«En su caso (Carlos López Dzur), se armonizan dos culturas en una forma que respeta la expresión invocativa, profética y lamentativa, de lo hebreo y la espontaneidad y franqueza del Caribe. Como moderno Jeremías, profiere sus 'Lamentaciones' y conmina a los creadores a que vean la situación actual de la literatura, cuestionándoles como el profeta: ¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino? Mirad y ved si hay dolor como mi dolor me ha venido (Lamentaciones 1:12)... En sí, López Dzur viene a ser la personificación de los caracteres favoritos del dramaturgo Alejandro Casona, quien llamó sembradores de amor, caridad y poesía' a quienes crean formas que dan algo de felicidad a otros».
Y Adriana Cortez Reyna agrega: «En realidad, el libro La casa habla claramente de la vida y del origen del autor, haciéndolo original porque es difícil hablar del anarquismo, cuanto más llevarlo a las páginas del libro y sostenerlo como López Dzur» (en el semanario ZETA, Tijuana, Baja California, 10 al 17 de marzo de 1989), citado de su reseña del libro.

(4) Tantralia es el libro lopezuriano que impacta a todos los que leen sus textos sobre la sexualidad y las relaciones humanas. López Dzur dice que ese libro constituye uno por el que preguntan quienes, cansados de leer sus temas políticos e históricos, irrumpen con la interrogante: ¿Escribes temas románticos? Sin embargo, cuando se comienza a leer Tantralia, uno de sus libros más extensos y complejos, es obvio que el poeta se ha puesto a pensar en la cosmogénesis con imágenes poéticas, al viejo estilo de los griegos y el orfismo. Es obvio que elucubra sobre la evolución química del Universo, el equilibrio termodinámico de la Física, previo a la evolución orgánica, con conceptos del Vedanta y el Tantrismo / ciencia del éxtasis, el placer y el amor. Y, si bien él no es un físico-matemático, sus codificaciones son ejemplos de su vasta curiosidad por la síntesis de imaginación y especulación científica, de arte y ciencia.

El gozo tántrico de la vida y el sexo, se aplica a la visión cósmica de todo lo existente. López Dzur habla sobre un universo que evita su colapso (su entropía negativa) al mantener ese balance de atracción y repulsión, que plasma el universo estático, universo eterno, con procesos irreversibles y equilibrio termodinámico. Universe is still busy unwinding and wounding up, escribe él a una de sus lectoras interesada en sus comceptos tántricos sobre la energía. Además de su manejo del erotismo, léxica y líricamente metaforizado y dignificado, pero suficientemente pasional para revelar las convicciones sinceras del autor, Tantralia da homenaje a Shiva (Siva) y Parvati / Shakti. López reconstruye poéticamente la dialéctica Destrucción (maximum molecular disorder, or entropy, after a pre-existing void / y Conservación (la gravedad como fuerza atractiva. Su Durga erotizadora refiere a las condiciones extremas del universo inicial, pero tal primeval universe, or big bang singularity, finalmente es descrito con los símbolos creativos, manifestados, de un Gran Orgasmo.

En sus orígenes doctrinales, más que hoy, los antiguos diálogos entre Siva y su consorte Durga tocaban 5 diferentes materias: (1) la manifestación y evolución del universo; (2) su destrucción (siendo esta la etapa en que Durga se sincretiza con Kali, la deidad negra de la que Calcuta adquiere su nombre; (3) la adoración de divinidades (energías); (4) la obtención de objetos o bienes por deseo egoico o, en su mejor caso, de super facultades (de tipo espiritual) y, finalmente, (5) los modos ritualizables o métodos para la unión con la divinidad suprema del cosmos a través de la meditación contemplativa.

Esta poesía de Tantralia escarba en las cinco inquietudes de una doctrina que data de la más remota antiguedad.

(5) Heideggerianas no es una refutación de Martin Heidegger, sino el descubrimiento de los puntos de coincidencia. Los tópicos del Don Nadie y el destino en común, la inautenticidad y las temporizaciones del ser-hombre en su mundanidad, son temas recurrentes en la poética de López.

(6) Las zonas del carácter son un libro de confesiones biográficas. El autor habla de su carácter y temperamento. De este libro, una continuación si se quiere de La Casa, vale decir lo mismo que ya es mencionado por los reseñistas.

(7) El Libro de la guerra es un libro de combate espiritual; pero un alegato sinceramente pacifista. Aquí está su pausado empeño por trabajar en un libro que titulara El libro de anarquistas que se tornó en prosa y crítica literaria.

Al juzgar algunos temas del libro, el poeta y escritor Daniel Montoly ha dicho:

«... En estos tiempos de complicidad alzar la voz contra los poderosos y tomar partido por los débiles, es como suicidarse grupalmente, porque la indiferencia parece ser la nueva moneda de cuño y los pilatos abundan por doquier. Admiro que tengas una conciencia tan clara en cuanto a la finalidad de la poesía en un momento que muchos la usan para limpiarse el trasero de manera metafísica. Infiero que eres joven y que te aguarda un gran trecho de éxito por delante, porque tienes coraje y fuerza expresiva en lo que escribes, pero sobre todo sabes ir al lado donde los tiempos demandan que vayas. Haces un excelente recorrido por conceptos y tópicos tan interesantes y para algunos desconocidos. Eso es lo importante de quienes dominan la información y saben comer de otras manos, que no son las oficialmente correctas».
(8) Las Estéticas mostrencas y vitales es una evaluación de las ideologías artísticas y político-sociales más importantes de este siglo. A lo largo del extenso libro, Estéticas es posible darse cuenta la cantidad y diversidad de lecturas que han formado a este autor.

(9) Lope de Aguirre es una figura fascinante de la historia de la Conquista en la América hispánica. El personaje Aguirre el Loco ha fascinado a Carlos López, desde los tiempos de sus primeros cuentos de Sarnas (1980), pero es en el libro Lope de Aguirre y los paraísos soñados donde abunda y explicita el por qué. La poeta Roxane Aristy reaccionó al contenido del poemario diciendo:

«Tu libro Lope de Aguirre y los paraísos soñados alcanza la expresión mitopoética y filosófica de un mundo-selva donde los taínos comulgaban con la naturaleza y eran parte del balance mismo de su ecosistema. Logras pintar el cuadro histórico, la idiosincrasia de los conquistadores y los personajes, cuyo individualismo acentúas y llenas de colorido. Rescatas a las que de otras formas serían las páginas dormidas y olvidadas de un avariento, intelectual y religiosamente obsceno pasaje histórico... Tu voz, tu intención, tu sentimiento y la voz del bohique se hacen una sola voz... Me hubiera gustado que los otros personajes centrales me hablaran personalmente de su dolor... Para mí, no hay separación entre el arte, la filosofia y los eventos reales y surreales que se dan en este camino experimental que llamamos vida. De manera que el tratamiento que le he dado a tu libro ha sido de profunda atención y meditación... El uso de términos del tantrismo y en sáncrito en la primera parte no me pareció chocante, ni innecesario. Quizás porque tenía frente a mí la tarea de aprender un nuevo vocabulario y ya fuera praxis o ditas, no hacía gran diferencia. Eran igualmente dos palabras desconocidas para mí».

«Después de releer la primera parte, pude apreciar alguno de los juegos polisémicos en tu poesía. No creo que te afanaras en "agotar" de una manera frívola los significados de estos lenguajes y, aún más, de estos dos sistemas de creencias, sino que, más bien, los fundiste en su universalidad e hiciste que se complementaran en su esencia intrinseca... Liani es una flor sexual y tú (el bohique) le cantas con la voz-amante. Ya quisiera toda mujer que se le amara con esta fusion de necesidad de sustención y de placer; con todas las papilas gustativas ahí, para distinguir cada sabor, para comer de su variación, y su abundancia con un embebimiento físico y espiritual. Liani es la naturaleza fértil y satisfaciente. Es Atabai, la diosa del amor, y el amor para los seres de la Tierra. Es sensual, todo lo que es y se percibe es al través de los sentidos. Es una danza rítmica. Es el latir del tambor, el guayo que raspa la sonoridad de gozo, de excitación sexual que tensa los músculos y los mece, y lubrica las partes recónditas de la fuente de donde fluye la dicha total, la celebración de estar vivo».

Todo ésto y más está plasmado en esta antología. La voz poéica de López Dzur es fecunda dentro de las muchas perspectivas que se dieron en la generación literaria que le dio pautas.
JRV / México

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